La ética anida en la conciencia moral
de todo ser humano y le sirve de motor, de freno o de dirección
-según los casos- al momento de actuar. Por otra parte, el
comportamiento ético -lo que llamamos rectitud- no es ingrediente
ajeno al ejercicio profesional, como la pintura de una casa que es
sólo un aspecto decorativo del cual puede prescindirse. El elemento
ético es un componente inseparable de la actuación profesional, en
la que pueden discernirse, al menos, tres elementos: un conocimiento
especializado en la materia de que se trata, una destreza técnica en
su aplicación al problema que se intenta resolver y un cauce de la
conducta del operador cuyos márgenes no pueden ser desbordados sin
faltar a la ética.
